VanBaalen Caos de las Sectas Espiritismo

Van Baalen Caos de las Sectas Espiritismo, astrología, teosofía, ciencia cristiana, Rosacruz, mormonismo, adventismo, Testigos de Jehová, unitarianismo.

EL CAOS DE LAS SECTAS
PRIMERA PARTE
SEGUNDA PARTE
Por J. K. Van Baalen

En esta magna obra sobre las sectas Van Baalen nos presenta 12 capítulos sobre varias sectas y unos sobre el tema en general. Las sectas que se trata son Espiritismo, Astrología, Teosofía, Ciencia Cristiana, Rosa Cruz, Mormonismo, Adventismo, Testigos de Jehová, y Unitarianismo. Hay una introducción, y dos capítulos más, el modo de comportarse las Sectas, y las facturas impagadas de la Iglesia.

Nota del editor de la versión para módulo TheWord, David Cox, Esta versión del libro no es lo mismo de versiones más modernas. Hay más capítulos en versiones más modernas.

T.E.L.L.
941 Wealthy St. SE
Grand Rápids, Mich. 49506, U.S.A.




PREFACIO DE LA CUARTA EDICIÓN CORREGIDA Y AUMENTADA

CONTENIDO

1. Introducción.
2. El Espiritismo.
3. La Astrología.
4. La Teosofía.
5. La Ciencia Cristiana.
6. La RosaCruz.
7. El Mormonismo.
8. El Adventismo del Séptimo Día.
9. Los Testigos de Jehová.
10. El Unitarismo Moderno.
11. Modo de Comportarse con los Miembros de las Sectas.
12.. Las Facturas Impagadas de la Iglesia.
Bibliografía.

EL ESPIRITISMO
Bosquejo Histórico.
Pretensiones Espiritistas.
Explicaciones de los Fenómenos.
La Biblia y el Espiritismo.
La Sesión de Endor.
Conclusiones.
Preguntas.

A pesar de que el término “espiritualismo” es más popular que el de “espiritismo”, preferimos emplear este último, en primer lugar, porque destaca mucho mejor el hecho admitido de que este sistema religioso pretende tratar con los espíritus; y en segundo lugar, porque harto difícil es descubrir dónde está su pretendida espiritualidad.

BOSQUEJO HISTÓRICO

Los orígenes del espiritismo se pierden en la noche de los tiempos. Probablemente se trata de la superchería religiosa más antigua que existe, cuyo nacimiento podemos atribuir a dos causas principales. Primera: el deseo del hombre de saber algo del más allá; conocer si la vida de ultratumba está tan llena de fatigas y sinsabores como la presente o, si por el contrario, es una vida llena de felicidad; también el hombre se pregunta si poseerá un cuerpo como ahora, o no, etc.

Segunda: el incontenible deseo humano de seguir en contacto con los seres queridos que partieron.

Todo lo dicho explica por qué concederemos al estudio de esta secta el primer lugar.
Difícilmente puede hablarse de la “Ciencia Cristiana” o de la teosofía moderna como religiones de la antigüedad, aunque estas sectas hayan adoptado y asimilado ideas que ya prevalecían en tiempos remotos. Pero sí que encontramos claras huellas de espiritismo entre los antiguos chinos, hindúes, babilonios y egipcios; como también podemos seguir su traza a lo largo del Imperio Romano y del medioevo europeo. De las supercherías religiosas actuales, ésta es, pues, la única que ya existía en los tiempos bíblicos, y de ella se ocupa claramente la Biblia.

Ha habido, desde luego, resurgimientos periódicos del espiritismo. Los tres más recientes tuvieron su origen, el primero, en las hermanas Fox, y los otros dos, en las dolorosas pérdidas de seres queridos experimentadas en las dos Guerras Mundiales.

En su forma moderna, el espiritismo se remonta a dos jóvenes americanas. El señor D. Fox, su mujer y sus seis hijos, fueron a vivir a una casa del pueblo de Hydeville, (N. Y.), en diciembre de 1847. Las dos hijas menores, Margaret y Kate, de doce y nueve años respectivamente, al poco de vivir en la casa oyeron golpes en diferentes partes de la misma, cosa que al principio atribuyeron a las ratas y ratones. Sin embargo, un día en que la ropa de la cama fue arrastrada por manos invisibles, trastocadas mesas y sillas, y una mano yerta acarició la cara de la hija menor, Kate, sin que se pudiese encontrar una explicación natural a estos fenómenos, a ésta se le ocurrió la idea de invocar el nombre de un duendecillo popular; y, chasqueando los dedos, dijo: “Acude, viejo duende, y haz lo que yo hago”. Inmediatamente oyó que el chasquear de sus dedos era respondido; y como el hecho se repitiera varias veces, las dos hermanas llegaron a la conclusión de que algo sobrenatural estaba sucediendo.

Idearon entonces un medio de comunicación inteligente, que se trataba de que el autor de los ruidos respondiese con un número determinado de golpes secos a las preguntas que ellas le formulasen… De esta manera se les reveló como Charles Rosma, casado y buhonero de oficio, quien, a la edad de treinta y un años, fue asesinado por un tal John Bell, herrero y antiguo inquilino del hogar de los Fox. Según se decía, el cuerpo de la víctima había sido enterrado bajo el sótano de la casa, y el asesinato había quedado impune. Hechas las oportunas excavaciones, aparecieron restos de un esqueleto humano en el lugar indicado.

Este caso, ampliamente divulgado, fue el origen de multitud de sesiones espiritistas a lo largo y ancho de los Estados Unidos. En Inglaterra, por aquel entonces eran muy populares, entre la élite social, las “mesas giratorias”. De aquí que los médiums americanos encontraran el terreno abonado en aquel país cuando, en 1852, los “espíritus” anunciaron a los devotos del Nuevo Continente que iban a invadir Inglaterra, donde debían comportarse “muy religiosa y científicamente”. Otros países europeos recibieron también la visita triunfal de los espiritistas americanos.

De 1850 a 1872, según un informe oficial, podían ha-llar-se organizaciones locales por todos los Estados Unidos; pero no fue hasta 1863 que se iniciaron los primeros movimientos para establecer una asociación nacional. En dicho año fue creada la Asociación Nacional de Espiritualistas de los Estados Unidos, constituida tal como hoy está. Ya para 1923, según datos oficiales, sus miembros alcanzaban la cifra de 126.000; sus iglesias, 682; y sus ministros, alrededor de 600. Para 1945, el Anuario de Iglesias Americanas da un total de 228.000 (“espiritualistas en los Estados Unidos, divididos en cuatro organizaciones. Según la revista Newsweek (12-4-1948), la Unión Espiritualista Británica contaba por aquellos días con 18.000 miembros y 500 “iglesias” para reunirse; iglesias que, por lo general, eran habitaciones alquiladas, garages, o salones privados; pero que también, algunas veces, eran locales dotados de bancos, armonio y facistol.




PRETENSIONES ESPIRITISTAS

Los espiritistas enseñan las siguientes doctrinas: Hacen énfasis en un modo de vivir recto aquí en la tierra, pues creen que el estado de su alma en el mundo de los espíritus depende por completo de cómo hayan vivido en su condición de mortal. “Creen en la Inteligencia Infinita. Creen que la existencia e identidad personales del individuo permanecen después del cambio llamado «muerte», y que la comunicación con los llamados «muertos» es un hecho científicamente comprobado por el fenómeno del espiritualismo”. Creen en “La Regla de Oro”, y en que el hombre labra su propia felicidad o desgracia, según obedezca o no “las leyes físicas de la Naturaleza”. El camino que lleva la reforma moral jamás se cerrará para alma alguna, ni en ésta ni en la otra vida.

Se dice que el mundo espiritual es el complemento del mundo visible, sólo que más hermoso y perfecto. Quienes en él entren deben hacerlo libres de las huellas o señales que sobre ellos ha dejado el mal que obraron mientras estaban en el cuerpo. Hay una restauración final en bienaventuranza para todas las almas. Pero aquellos que hayan vivido en la tierra contrariamente a las leyes de la Suprema Inteligencia, sufrirán en el más allá el castigo de anhelar sus malos caminos, sin posibilidad de encontrar satisfacción a su deseo. Esto les llevará al remordimiento, y el remordimiento a la purificación.

Algunos espiritistas dicen que la vida de ultratumba se desarrolla en siete círculos o esferas diferentes, que rodean la tierra, envolviéndose unos a otros, de menor a mayor, del mismo modo que la piel envuelve el fruto, o la corteza cubre el tronco del árbol. Los espíritus inferiores —afirman algunos— ocupan el círculo más próximo a la tierra, donde son instruidos por los espíritus que ocupan lugares superiores. Los espíritus de: los que han muerto recientemente se encuentran en este círculo próximo, de modo que pueden oírnos y saber de nuestra vida. Conforme un espíritu se va perfeccionando, pasa a ocupar un círculo superior, y gradualmente va perdiendo interés por lo que ocurre aquí abajo.

Se cree que los espíritus poseen un cuerpo, si bien diferente del que tenemos ahora en la tierra.
Los espiritistas se oponen a la guerra, a la pena capital, y a cualquier clase de tiranía. No creen en el perdón de los pecados; sino que cada uno debe labrarse su propio destino por medio de una evolución espiritual o moral.

Los fenómenos espiritistas (o hechos a través de los cuales llega la información o enseñanza a los espiritistas) son numerosos. Toda persona —dicen ellos— posee un poder psíquico (del griego psyque, que significa alma; de aquí poder anímico). Mientras que la fuerza física reside en los músculos, la fuerza o poder psíquico reside en la mente. Quienes poseen esta fuerza en mayor medida que los demás, son aptos para convertirse en médiums. Un médium es un intermediario o mediador, el instrumento a través del cual los espíritus transmiten el conocimiento sobrenatural a los que asisten a una “sesión”, término éste con que se designa normalmente una reunión espiritista.

Puesto que se supone que la fuerza psíquica se ve acrecentada cuando varias personas se concentran en ella, y cuando se infunden energía unos a otros por el contacto físico, el experimento espiritista más sencillo es quizás el de hacer girar una mesa, o el de hacerle golpear el suelo. Para ello, los asistentes a la sesión extienden sus manos sobre la mesa a cuyo alrededor se sientan.

Entre todos forman una rueda continua —requisito indispensable—, en la que cada uno de los presentes hace que se toquen sus propios dedos pulgares, a la vez que los meñiques de cada mano tocan los de sus vecinos de mesa. Ésta comienza entonces a levantarse de dos o más de sus patas, para volver a estarse quieta. Se llega a un acuerdo con el “espíritu”, de modo que un golpe de la mesa sea la letra “A”, dos la “B”, y así sucesivamente; con!o que el mensaje es transmitido según el número de golpes. O también puede emplearse el sistema de ir diciendo nombres, hasta que el “espíritu” dé sonoramente su asentimiento.

Se produce un fenómeno más elevado cuando el médium cae en trance. Es ésta una condición inconsciente e insensible; un estado en que la consciencia y sensación corporales quedan por un tiempo en suspenso. El médium relata lo que él, o más a menudo ella, oye y ve en esa condición; y a veces responde las preguntas que los presentes hacen al espíritu.

Otras veces el espíritu, llamado control del médium, hace que éste escriba las respuestas.
Cuando el médium sale del trance, rara vez recuerda lo que dijo o lo que hizo, y da muestras de gran cansancio. Existen otras muchas clases de fenómenos, algunos de los cuales no suministran información alguna referente a la suerte corrida por nuestros seres queridos que se fueron, o referente al más allá; sino que su objetivo parece más bien ser el de impresionar a los que asisten a la sesión acerca del poder sobrenatural del espíritu. Como ejemplos pueden citarse el hacer que ciertos objetos floten en el aire y se desplacen a través de una habitación, la aparición visible de espíritus, manos, brazos, etc.

Estos fenómenos reciben el nombre de materializaciones. En una sesión típica de materialización, se dice que de la boca y del cuerpo del médium emana ectoplasma, sustancia neblinosa como el humo, que es modelada por las leyes químicas del mundo del espíritu. (Se ha definido el ectoplasma como protoplasma exteriorizado o, según lo describe Webster modernamente, “como la base física de la vida”, “por lo común una especie de cuerpo viscoso semifluido, semejante a la gelatina, incoloro y translúcido, que contiene un gran porcentaje de agua, y que mantiene sutiles gránulos en suspensión”.) Tanto Gran Bretaña como los Estados Unidos fueron testigos, durante la Segunda Guerra Mundial, de un interés renovado por el espiritismo; bien que, con anterioridad, en la solapa del libro de Steswart Edward White, The Betty Book, se anunciaban más de cincuenta obras de la “Biblioteca de Ciencias Ocultas, Psiquismo y Misticismo”.

La principal diferencia entre las antiguas y las modernas obras espiritualistas, radican en el hecho de que las últimas están escritas en un tono más amable. En lugar de burlarse o acusar violentamente a las doctrinas de la Iglesia universal, se limitan a ignorarlas con toda comodidad. Su tesis capital, no obstante, permanece inalterada: la muerte en sí misma no debe ser objeto de temor, pues sólo es un dulce tránsito a otra vida muy similar a la que dejamos atrás.

Afirma dicha literatura, que muchos soldados que murieron en el campo de batalla, despertaban como de un sueño y se preguntaban extrañados qué les había sucedido, y dónde estaban. Y aquellos que les habían precedido en su viaje “hallábanse muy ocupados” en atender a los recién llegados, a quienes les aseguraban que todo estaba bien y que se encontraban todavía en el mismo mundo del cual habían llegado.

De los libros de Stewart Edward White, The Betty Book (1937), Across The Unknown (1939) y The Unobstructed Universe (1940), el segundo es presentado como una “Norma de Vida”, y del tercero dice el editor: “En respuesta a la necesidad desesperada de un mundo herido y roto, este libro ofrece una nueva norma de conducta social e individual, basada en la recuperación de una fe en la inmortalidad; pero no en una inmortalidad lejana, sino próxima.”

En sus novecientas y pico de páginas, no se menciona a Dios; y únicamente al final aparecen algunas referencias a la Biblia como “camino lleno de hitos” que conducen a la verdad espiritista.

A pesar de todo lo dicho, John Haynes Holmes, pastor de la Iglesia de la Comunidad, en Nueva York, opinando sobre el libro ya citado, The Betty Book, no se le ocurrió decir del mismo sino que halló en él “el informe directo y honesto de una experiencia incuestionablemente genuina, sufrida por personas sinceras e inteligentes, movidas por un sobrio interés científico; informe que da cuerpo a un sistema de verdad espiritual tan sano como sublime. Lo importante es reconocer la realidad de lo que aquí se refiere”.

Ésta es la forma en que el modernismo, que ha descartado la autoridad de las Escrituras en materia de fe, da buena acogida a libros que contienen, ciertamente, consejos saludables referentes al dominio del carácter, de la angustia, y de otros defectos; pero que apartan a uno de todo lo que el cristianismo —tanto oriental como occidental— ha tenido siempre por muy querido.

Cuando el diablo se acerca con zapatillas de terciopelo, ¿es acaso menos peligroso que cuando sin recato declara, por boca de los espiritistas: “Abrogamos la idea de un Dios personal”? ¿Están en el camino recto los millares que han leído las dieciséis ediciones de The Unobstructed Universe que salieron de las prensas entre septiembre de 1940 y octubre de 1941? Y el mismo señor White, fallecido el 1 de septiembre de 1946, ¿habrá encontrado en el más allá lo que él esperaba encontrar? ¿O encontró, junto con los miles que siguieron sus orientaciones, sólo un tremendo desengaño y desilusión, por haber sobrepasado los justos límites de la Revelación de Dios?

Estas preguntas jamás dejarán de ser oportunas; es mucho lo que está en juego pendiente de sus respuestas.




El señor White (1873-1946) es conocido como autor habilidoso de muchos libros de viajes y aventuras. Durante los últimos veinte años de su vida, añadió a sus viajes por África y Alaska un nuevo y distante itinerario, por tierras de un desconocido y lejano país, aunque muy cercano a nuestro alrededor.

Su experiencia comenzó en 1919, cuando la señora White —la “Betty” de sus tres libros— fue conminada por “los invisibles” (espíritus del más allá) a ocuparse seriamente de los problemas psíquicos, y a cultivar su don natural para comunicar con los muertos.

Durante muchos años el señor White y otras personas fueron tomando gran número de notas de lo que le iba siendo revelado a “Betty”; y cuando en 1939 la esposa murió, él continuó sus investigaciones, mantuvo el contacto con ella, y a los sesenta y siete años de edad completó el mensaje que sirve de guía —dice él— a los que buscan la verdad y el consuelo.

Es fundamental al en la trilogía de White la idea de que “sólo existe un universo”, y de que en este universo se hallan tanto el “cielo” como el “infierno”; pues el infierno no es sino el sufrimiento que supone ver nuestros anhelos y deseos frustrados; anhelos y deseos que persisten después de la muerte, en el más allá, “donde todos los seres desean el progreso de la evolución”.

Betty dice: “Estoy aquí, con vosotros. Sólo hay un universo. No existe otro «cielo». Lo que ocurre es que no podéis verme. Vuestros ojos no están capacitados para ver el espectro luminoso del color, ni vuestros oídos para oír toda la gama de frecuencias. Estoy en la fase inobstruida del único y exclusivo universo que existe: esto es todo. Mi Yo ha quedado libre del impedimento que era mi cuerpo. Mi mundo es el vuestro mas el plus inaccesible a lo mortal.”

El hombre es “un fragmento de conciencia individualizada”, y “la única base s61ida” es “el reconocimiento de un creador más grande que lo creado”, “la aceptacion de una sola Conciencia Universal que todo lo llena”. Como se echa de ver, tan absolutamente panteísta es el moderno espiritismo como el antiguo.

Cuando se le pregunto a Betty como en otro tiempo había podido recitar la oración del Padre Nuestro, a la par que decía “haber estado siempre por encima de toda idea antropomórfica”, desde su mas allá” respondió que ella acostumbraba a dirigir sus oraciones “a la Conciencia Universal”.

“Pensaba usted en una Conciencia con personalidad, capaz de sentir afecto, como es inherente a la calidad de persona?” Su respuesta fue: “Era como si me encontrara ahogándome en un gran mar, y alii hubiese un barco cargado de gente, de los cuales, uno, o todos, hubieran podido ayudarme.”

Mientras está en la tierra, el hombre tiene dos cuerpos, el Alfa y el Beta. El Beta es “la verdadera sustancia invisible, tradicionalmente llamada alma o espíritu”. Este cuerpo etéreo es ponderable; y si tuviésemos una balanza apropiada, podríamos pesar al médium antes y después de la salida del cuerpo etéreo. La diferencia hallada seria el peso de dicho cuerpo etéreo o Beta, que sale en respuesta a la solicitud magnética que le hace otra conciencia. Cuando esta salida se hace en las condiciones adecuadas y del modo debido, un gran bien se deriva de ello; porque sola-mente puede uno ponerse en contacto con el “alma superior” a través del subconsciente, que reside en el Beta, pues la mente consciente permanece en el cuerpo Alfa.

El espiritismo, pues, es el reverso del rusellismo, que tan racionalmente ensalza al “intelecto”.




White lo menos-precia, y dice del cerebro que “es un mecanismo maravilloso”, pero solamente eficaz “en combinación con su fuerza interna”. “Es una maquina” —dice— “que debe ser movida por otra: el poder superior y mas sabio de la ciencia.”

Por esto el hombre —la “persona”, que se dice radica en el Beta— esta. sujeto a toda clase de sugestiones o señales del “mundo espiritual”.

El señor White no recibió “comunicaciones” vulgares, obscenas, irreverentes, o sandias, como ocurriera infinitas ve-ces a otros espiritistas. Y hay rasgos literarios hermosos y sutiles ilustraciones en sus libros. Los misterios de los fenómenos espiritistas adquieren visos de verosimilitud cuando el autor había del “Ortos y de las Esencias” (el tiempo, el espacio, el movimiento, la frecuencia, la conductividad).

Valgan unos ejemplos.

El tiempo presenta tres facetas. La primera es el tiempo sideral (del latín sidera, estrellas). Esta palabra define el tiempo ordinario, determinado por las estrellas y mar-cado por el reloj. Ya en este mundo, sin embargo, sabemos de otra faceta distinta, que podríamos denominar tiempo psicológico. Una hora no tiene siempre la misma duracion: cinco minutos pueden parecer sesenta, cuando esperamos que el contenido de un cazo al fuego hierva. Quince minutos pueden parecer una eternidad, cuando esperamos nerviosamente la llegada de un tren; pero pasemos esos quince minutos en la contemplación de un hermoso paisaje, y antes de que nos hayamos percatado de que el tiempo pasa, el tren habrá llegado. Así que el tiempo es elástico, y no rígido.

Existe también una tercera faceta del tiempo: el tiempo ortico (del griego orthos, que significa recto, correcto; de ahí “ortodoxia”, rectitud de opinión). Este tiempo ortico, en el que viven aquellos que han entrado en la vida superior, es también “maleable”, se dilata y se contrae; es un presente sin fin, del cual tenemos una ligera experiencia cuando nos hallamos abstraídos pensando en tiempos pasados o futuros. Por esto, los “muertos” están muy lejos de estar muertos: son, en este aspecto, como el Jehová del Antiguo Testamento, que dijo: “Yo soy el que soy”; no yo fui o yo seré, sino precisamente soy. Ser es, sencillamente, la condición temporal de la vida de ultratumba.

También el espacio presenta tres facetas diferentes.

La primera viene determinada por la distancia geométrica entre dos puntos. Sin embargo, esta distancia varía psicológicamente: se nos hace larga si la cubrimos a pie y cansados; y se nos hace corta si la recorremos sobre una carretera bien asfaltada y montados en un moderno y veloz automóvil. Cuando viajamos en coche-cama, despertamos a muchos kilómetros de distancia de donde iniciamos el viaje; pero todo ese espacio no ha existido para nosotros: ha desaparecido. Lo que constituye el obstáculo, no son los kilómetros, sino “nuestra impericia en acortarlos, o, si lo preferimos en otros términos, en acercar el final a través de ellos”.

En cuanto al tercer espacio, o espacio ártico, aquellos que han marchado de esta vida viven en el mismo universo en que nosotros vivimos, aunque son menos los obstáculos u obstrucciones con que tropieza su envoltura corporal densa, o cuerpo Alfa. Ellos saben que el espacio no es en sí mismo sólido; y lo pueblan, corren y recorren a voluntad.
Existe también un movimiento ártico. En el universo en que vivimos —el universo obstruido—, el movimiento es auténtico, real: el tren puede acelerar su marcha y desplazarse cada vez más rápido; pero esto sólo hasta un cierto límite. Asimismo puede estar parado, y, sin embargo, hallarse en movimiento, pues se mueve en el espacio junto con la tierra que lo sustenta. Pero en el universo de Betty, el movimiento no se halla obstruido por el tiempo ni por el espacio: “En el ortos, el movimiento es instantáneo.”

No es de extrañar, pues, que los espiritistas instruidos no teman a la muerte; antes al contrario, la disfrutan anticipadamente. Cuando llegue esa hora, será para ellos el deshacerse de una vez de todos los obstáculos u obstrucciones que les representa su cuerpo físico, cosa que habrán experimentado muchas veces, si es que han desarrollado su capacidad psíquica de abandonar el cuerpo Alfa y valerse del Beta. Este desprenderse del cuerpo, “es una liberación deleitosa; algo muy diferente a una agonía mortal”.

No es raro tampoco que aquellos “caminos llenos de hitos”, a los que se refería el señor White, extravíen a algunas almas pobremente instruidas. Porque muchos son los espiritistas que, sin reparo y con suma complacencia, dicen que Abraham, Moisés, Saúl, Samuel, Isaías, Daniel y Pablo fueron personas con poder psíquico y que, sin discusión alguna, tuvieron experiencias espiritistas; y que Jesús fue el médium más grande de todos. Según ellos, era clarividente (Mt. 21:2); clarividente y clariaudiente (Mt. 3:17); telepático (Jn. 4:17-19); y, sobre todo, médium para materializaciones (Le. 9:28-30).

Todas las comunicaciones que llegan del más allá, indican la existencia feliz de los “invisibles”. Si los antiguos espiritistas hablaban de siete esferas o círculos alrededor del mundo —como las capas de una cebolla alrededor de su centro—, el señor White habla de diferentes “niveles” en la vida de ultratumba. Los que moran en el primer plano o “nivel”, son guiados al siguiente, donde la felicidad es mayor, por aquellos que ya están en él.

Para el cristiano, sin embargo, este tira y afloja con la Biblia es ya de por sí condenable. Porque si todas las informaciones que nos traen los seudovisitantes del más allá, dicen que “no hay por qué temer a la muerte”, que “la vida se desarrolla exactamente igual que si se estuviera en la tierra”, Jesús, entonces, debe de haber sido un pobre médium. Porque si Moisés y Elias conversaron con Él sobre Su salida a Jerusalem, esto es, Su muerte, resurrección y ascensión, el mismo evangelio por el que se esfuerzan los espiritistas en probar que Jesús fue un médium para materializaciones, nos describe Su angustia en Getsemaní al acercarse Su muerte. ¿Debemos, pues, considerar al “más grande médium” en tan abierta desarmonía con el testimonio unánime de los espíritus? ¿O debemos suprimir aquellas partes de la Escritura, comparativamente más extensas, que nos describen Su agonía mortal?

Sí; todas estas cosas son muy atractivas y cuasi científicas. Es, como dice Darby al final de The Unobstructed Universe: “… una estructura filosófica de muy extenso contenido, perfectamente elaborada, herméticamente lógica, amplia en el campo de materias que toca, de urdimbre tan tupida y perfecta que no deja entrever ni una sola junta, ni un solo claro; y todo expresado con palabras sencillas y diáfanas”. Se advierte un desarrollo gradual a lo largo de los tres libros.

Comienza con la demostración de que los fenómenos psíquicos son posibles; continúa con la enseñanza de cómo se han de acometer los experimentos y qué peligros conviene evitar, y culmina en un punto tal de consideraciones que deja poco lugar a preguntas.

Nota: Este capítulo esta recortado. Para leerlo completo capítulo 2 Espiritismo, descarga el capítulo abajo.




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Sermón No hay cobardes en el cielo

Apoc 21:28 excluye los cobardes del cielo. Si uno tiene miedo que le controla tanto que no ir adelante para Dios, para obedecer a Dios, tampoco cree en el poder y las promesas de Dios. Para Dios (de este versículo), esta persona no tiene fe salvadora tampoco. Si uno cree en Dios, entonces cree en las promesas de Dios, y vive lo que Dios le manda. Cobardía es de ver peligro y no actuar, de correr si hace algo. Esto no es un cristiano.
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