VanBaalen Caos de las Sectas Testigos

Van Baalen Caos de las Sectas Testigos de Jehová, Espiritismo, astrología, teosofia, ciencia cristiana, Rosacruz, mormonismo, adventismo, unitarianismo.




EL CAOS DE LAS SECTAS
PRIMERA PARTE
SEGUNDA PARTE
Por J. K. Van Baalen

En esta magna obra sobre las sectas Van Baalen nos presenta 12 capítulos sobre varias sectas y unos sobre el tema en general. Las sectas que se trata son Espiritismo, Astrología, Teosofía, Ciencia Cristiana, Rosa Cruz, Mormonismo, Adventismo, Testigos de Jehová, y Unitarianismo. Hay una introducción, y dos capítulos más, el modo de comportarse las Sectas, y las facturas impagadas de la Iglesia.

Nota del editor de la versión para módulo TheWord, David Cox, Esta versión del libro no es lo mismo de versiones más modernas. Hay más capítulos en versiones más modernas.

T.E.L.L.
941 Wealthy St. SE
Grand Rápids, Mich. 49506, U.S.A.
PREFACIO DE LA CUARTA EDICIÓN CORREGIDA Y AUMENTADA




CONTENIDO

1. Introducción.
2. El Espiritismo.
3. La Astrología.
4. La Teosofía.
5. La Ciencia Cristiana.
6. La RosaCruz.
7. El Mormonismo.
8. El Adventismo del Séptimo Día.
9. Los Testigos de Jehová.
10. El Unitarismo Moderno.
11. Modo de Comportarse con los Miembros de las Sectas.
12.. Las Facturas Impagadas de la Iglesia.
Bibliografía.

LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ
Bosquejo Histórico
Organización y Propaganda.
Posición de los Testigos ante las Transfusión de Sangre.
Doctrina.
Conclusión Práctica.
Preguntas.
______________

El origen de la teología de Russell, Rutherford y Knorr, y especialmente su escatología, está en el adventismo del séptimo día. Afirmábamos esto ya en la primera edición de la presente obra, en 1929, afirmación que rechazó vehemente LeRoy E. Froom; y desde entonces ha venido siendo con-Ilimada por Lehman Strauss, F. E. Mayer y E. C. Gruss.

Charles Taze Russell, perturbado por la instrucción doctrinal recibida, acerca del castigo eterno, en conformidad a teología presbiteriana de Escocia e Irlanda, se “convirtió” a la doctrina de los adventistas, y se unió a ellos. Tiempo después surgieron diferencias de interpretación bíblica, en especial sobre el modo y propósito de la segunda venida del Señor, bien que la cronología permaneció intacta. Russell 1 colaboró estrechamente con el adventista N. H. Barbour, y juntos publicaron un libro. Un año más tarde (1878), ‘c separaron a causa de sus divergencias sobre la expiación. Russell entonces (1879) dio principio a su Zion’s Watchtower and Herald of Christ’s Presence (La Atalaya de Sión y el Heraldo de la Presencia de Cristo).

Como fuentes del russellismo, Gruss, además del adventismo, añade ¡as siguientes: arrianismo, socinianismo, swedenborgianismo, unitarianismo y cristadelfismo. Similarmente algunos de los primeros investigadores del mormonismo mantuvieron que dicho sistema era un compuesto de cristianismo, judaísmo, mahometismo, fetichismo, budismo, maniqueísmo, comunismo, etc. El autor de la presente obra, sin embargo, pone en duda que los primitivos líderes de los mormones y de los testigos poseyeran la suficiente base teológica como para realizar semejante plagio. Antes al contrario, prefiere creer que, después de todo, Satanás y sus “huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12) son de finito, es decir, limitado genio inventivo. Contra las enseñanzas de la Escritura, es obligado que recurran de vez en cuando a los mismos errores y herejías.

En el curso de su octogenaria historia, los testigos han cambiado considerablemente sus doctrinas, basándose —dicen— en una “revelación progresiva” que sirve para arrojar nueva luz sobre la conclusa revelación de la Escritura. La concepción ortodoxa de una revelación progresiva se define como la progresión que se echa de ver desde el Génesis al Apocalipsis: el capullo de rosa se convierte, poco a poco, en una flor plenamente desarrollada. Sobre semejante “revelación progresiva” de los testigos, Gruss dice que “casi toda ella es eminentemente subjetiva”. W. J.




1 Schnell declara por su parte que “como fiel creyente en la luz progresiva y buen testigo de Jehová, he observado que la revista La Atalaya ha cambiado nuestras doctrinas, entre 1917 y 1928, por lo menos ciento cuarenta y ocho veces”.

2 El mismo Russell dice sin ambages que sería mejor leer sus seis volúmenes de Estudios sobre la Escritura, que leer la propia Biblia.

3 A pesar de eso, posteriormente calificó de “inmaturos” a algunos de sus primeros escritos.

La Iglesia primitiva, consciente de que la inspiración se terminó con el Apocalipsis, y expectante en la iluminación del Espíritu Santo, fue más paciente y reflexiva en la formulación de las doctrinas de la Escritura; cosa que, una vez hecha en la proclamación de grandes Credos, no fue alterada después.

Podemos decir aquí que cuando se atribuye carácter de inspirados e infalibles a documentos puramente humanos, el resultado invariable es que éstos remplazan y sustituyen a la Escritura.

Esto es lo que ha sucedido con la “tradición” católico-romana, el “Libro del Mormón”, y la Science and Health with Key to the Sriptures; y es el argumento que explica la inagotable literatura rusellista, que no da oportunidad alguna a que los testigos lean la Biblia con la más mínima independencia. Un buen testimonio de este “lavado de cerebro” lo tenemos en las obras de Schnell, de las cuales es un ejemplo la titulada “Treinta años esclavo en la Torre del Vigía”.

Dado que en los últimos años la historia del rusellismo ha sido frecuentemente escrita, la presente obra, que se ocupa de multitud de sectas, no puede por menos que ser breve en la exposición de dicha historia.




BOSQUEJO HISTÓRICO

Existe una relación recíproca entre el carácter de una persona y su teología. San Pablo enseña, en Romanos 9:19, 20, que una mala teología procede de un mal corazón.

Charles Taze Russell era un hombre que tenía frecuentes altercados con la justicia, y que no siempre salió bien librado de ellos. Perjuró ante tribunales, y su esposa consiguió la sentencia de divorcio porque el juez del Tribunal Supremo de Ontario opinó que ninguna mujer de mediana sensibilidad podía vivir con un hombe tan egocéntrico y arrogante. Russell, en una reunión masiva, celebrada en el hipódromo de Nueva York, no tuvo reparo alguno en lanzar una acusación general sobre los ministros evangélicos de “600 denominaciones guerreantes” en China, solamente para admitir después, bajo compulsión, que él no había visto a ninguno durante su precipitado viaje a Oriente. El diario The Bwoklyn Eagle le acusó en sus páginas del delito de fraude. Otra de sus actividades era la de convencer a los enfermos desahuciados de que legaran su fortuna a las organizaciones que él dirigía, lo que no era óbice para que, con toda vehemencia, arremetiera contra las comunidades cristianas por celebrar colectas en sus iglesias.

Llena de hechos semejantes transcurrió su vida toda, hasta que, el 9 de noviembre de 1916, el “pastor” murió cuando viajaba en un tren transcontinental. Su amigo, el señor Menta Sturgeon, a requerimiento del moribundo, lo arropó en una manta de viaje, que parecía una “toga romana”, y acto seguido llamó al revisor y al camarero del vagón, diciéndoles que “quería que vieran cómo moría un gran hombre de Dios”. Pero allí no había más que un anciano, “cuyos labios no emitían una sola queja, ni exhalaban un suspiro”.

Este cuestionable tributo procede de la oración fúnebre pronunciada por Joseph Franklin Rutherford, quien inmediatamente anduvo los pasos necesarios para quedarse con la sucesión del difunto. Rutherford, abogado y juez especial en ausencia del juez regular del Octavo Tribunal Judicial del Distrito de Boonville, Misuri, antes de 1909, se trasladó a Nueva York, donde el 6 de enero de 1917, fue unánimamente elegido para suceder al pastor Russell como Presidente de la Watch Tower Bible and Tract Society. Este cargo lo desempeñó hasta su muerte, ocurrida a la edad de setenta y dos años, el 8 de enero de 1942.




  1. Del período rutherfordiano son de destacar los siguientes hechos y sucesos, 1. — El juez superó al mismo pastor Russell en su capacidad literaria. Escribía un libro por año, amén de los numerosos artículos que publicaba en la Watchtower (“La Atalaya”) en The Golden Age (luego llamada Consolation, y desde 1946, Awake! —”¡Despertad!”—), y de las sucesivas ediciones del Yearbook of Jehovah’s Witnesses (“Anuario de los Testigos de Jehová”).
  2. — El juez, junto con algunos miembros de su equipo, pasó nueve meses en la cárcel, acusado de “actividades anti americanas”, recién entrada América en la primera conflagración mundial. Semejante proceder para con ellos está casi tan injustificado como el asesinato de “Joseph Smith y su hermano Hyram, los Mártires”, y sólo sirvió para exonerar a estos estudiantes de la Biblia, y para echar más leña en la hoguera del odio que sienten hacia “la organización diabólica”.
  3. — Al salir de la cárcel, el juez encontró a sus subditos enzarzados en luchas intestinas y acosados por persecuciones externas. Hubo varias defecciones, y los desafectos se agruparon bajo diversas denominaciones. Por esto fue que en 1931 (9 de octubre), en la Convención anual de Columbus, Ohio, se adoptó el nombre actual de “Testigos de Jehová”, que, en veinte años, se ha impuesto a todos los demás.
  4. — Rutherford, aunque de personalidad muy diferente a la de Russell —más reservado, eternamente frío, e inabordable—, igualó al fundador, no sólo como escritor, sino también como organizador y administrador. Así escribía de él Marley Colé: “El mayor triunfo de la carrera del juez Rutherford fue ver cómo se extendía la organización, cómo cerraba filas y permanecía enhiesta ante todo, a pesar de los devastadores ataques de que fue objeto por parte de fascistas, nazis, y democracias populares.”

Rutherford, cuya estatura era de un metro noventa y tres, casi nunca fue visto en público; y cuando lo hacía, aparecía protegido por dos guardaespaldas armados de garrotes, para defenderse de los ataques de los representantes de la organización diabólica.

  1. — Es un hecho que el juez Rutherford y su más joven ayudante, el abogado tejano Hayden Covington, prestaron un gran servicio a la causa de la libertad religiosa, al ganar 46 casos en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, 150 en los Tribunales Supremos de los Estados, además de varios en Canadá y en otros 22 países (hasta 1950).

5 Al mismo tiempo hay que reconocer que los propios testigos han sido, en gran medida, los causantes de sus muchos problemas. Sin recato alguno han colmado de desprecio y de desdén a muchas personas e instituciones, por medio de sus escritos y mítines callejeros, y han atacado vituperablemente a todo aquel que no ha estado de acuerdo con ellos.

Rutherford, a su vez, fue sucedido por Nathan Homer Knorr como presidente de la organización, durante cuya administración el torrente de libros y folletos que se editan ha aparecido bajo el copyright de la Watchtáwer Bible and Tract Society, sin mención alguna de autor individual. Un “comité” es ahora el responsable de la inagotable producción de literatura impresa que sale de la “Central Printing Plant” en Brookíyn, Nueva York.




Además de numerosos folletos, las publicaciones normales son The Watchtower (“La Atalaya”), “que anuncia el reino de Jehová” (3.800.000 ejemplares), y el Awake! (“¡Despertad!”, con 3.250.000 ejemplares), ambas de aparición quincenal. Sus obras más recientes son Let God Be True (“Sea Dios Veraz”; 1.» edición, 10.524.830 ejemplares; 2.» edición, 1952, 6.778.000 ejemplares, impresos en cinco idiomas); Let Your Ñame Be Sanctified (1.* edición, 1961, 1.000.00 de ejemplares); Your Will Be Done on Earth (“basado en la profecía de Daniel”); The New World Transla-tion of the Holy Scriptures (a la que se hace referencia como “NW”, publicada en 1955, y que se conoce en castellano como la “Traducción Nuevo Mundo”), que no sólo sustituye la cruz de Cristo por “un poste de tortura”, sino que en otros muchos aspectos muestra su animadversión y prejuicio hacia la terminología reminiscente de las verdades centrales del cristianismo.

ORGANIZACIÓN Y PROPAGANDA

Nathan H. Knorr abre su ensayo sobre “Los Testigos de Jehová de los Tiempos Modernos” con la siguiente declaración: “Jehová Dios es el Fundador y Organizador de sus testigos sobre la tierra”.

6 El nombre de “testigos” se dice que viene sugerido por Isaías 43:10: “Vosotros sois mis testigos, dice Jehová”. Los primeros testigos fueron Abel, Enoc, Noé, etc, y así hasta Juan el Bautista. “El mismo Je-suscrito fue «el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios», que tiene la preeminencia entre los demás Testigos.” “Este testigo principal designó a otros para que continuaran testimoniando del Reino, diciendo: «me seréis testigos (…) hasta lo último de la tierra».”

El alcance que importa el cambio del mandamiento u orden de ser testigos de Jehová al “me seréis testigos” (Hechos 1:8) es olímpicamente ignorado; pues aceptar la autoridad del “único nombre debajo del cielo, en que los hombres pueden ser salvos”, sería colocar al Señor Jesucristo en un plano de igualdad con Jehová. Todos los testigos han sido siempre y son ahora testigos de Jehová, incluyendo al mismo Jesucristo, bien que Él es el principal entre todos. Todo testigo debe tender a vindicar el nombre de Jehová.

La organización moderna de los testigos de Jehová comenzó en 1879, cinco años después de que Rusell y sus colaboradores iniciaran un estudio exhaustivo de la Biblia, en especial de la segunda venida de Cristo y del milenio. En el mes de julio de 1879 apareció el primer número de la revista “La Atalaya”. La distribución de tratados desempeñó un importante papel en los primeros tiempos de!a secta; y como la sima que separaba a los testigos de las denominaciones ortodoxas de la cristiandad se iba haciendo cada vez más profunda y aparente, en 1881 se publicó un libro de 161 páginas titulado Food for Thinking Christians. En 1884 la organización se registró como sociedad religiosa no comercial. El nombre constitucional de Zion’s Watch Tower Tract Society permaneció hasta 1896, fecha en que fue cambiado por el de Watchtower Bible and Tract Society.

En 1886 apareció el primero de los volúmenes de la obra de Russell, Stu-dies irt the Scriptures, the Divine Plan of the Ages; el séptimo, The Finished Mystery, vio la luz en 1917, al principio del mandato de Rutherford.

Desde que éste llegó a la presidencia de la secta, se hizo gran hincapié en la preparación que debía tener todo testigo. A la Escuela Bíblica de la Watchtower, de Gilead, South Lansing, N. Y, acuden centenares de testigos que son preparados en cursos de unos pocos meses de duración, después de los cuales son ordenados pastores, y, como tales, piden ser eximidos del servicio militar. Los testigos se ofenden si se les llama pacifistas: ellos son objetores de conciencia. Su argumento es que “cuando Satanás lucha contra Satanás”, en una guerra de un gobierno político contra otro, los testigos de Jehová deben permanecer neutrales, puesto que ellos esperan la única guerra vital que les afecta: la batalla del Armagedón, cuando Jehová destruirá a todos sus enemigos y preservará a Sus testigos de la horrible destrucción.

Todo testigo es capacitado para el testimonio por medio de estudios bíblicos concertados, que se desarrollan en diferentes días de la semana y en reuniones extraordinarias. Así, los domingos tienen lugar estudios en las llamadas “Saks del Reino”; los viernes se llevan a cabo los de “Área bíblica”; y existen también las “Asambleas de Distrito” y la “Asamblea Internacional de la Divina Voluntad de los Testigos de Jehová”. A la celebrada en 1958, concurrieron en el último día 253.922 personas.

Schnell cuenta siete etapas en el período de adoctrinamiento de los testigos: prestación de libros a los futuros conversos, cita personal, comentario de los libros prestados, asistencia a las “salas del reino”, asistencia a los cultos, reparto de literatura (libros y folletos) y, por último, el bautismo.

Para realizar estos cometidos más eficazmente, los testigos tienen dos libros que les instruyen en cuanto a la forma en que han de prestar su testimonio (estos libros, de 384 páginas, spn Theocratic Aid to Kingdom Publishers y Equipped for Every Good Work). Schnell dice que los testigos viven bajo continua coacción y gran temor, ante la idea de que si no venden suficiente literatura, sean relegados al “rango de siervos infieles”.

Rusell se daba a sí mismo el título de “el mayordomo fiel y prudente” de Lucas 12:42. Después de su muerte, este término fue cambiado por el de “la fiel y sabia clase sirviente”, la “pequeña manada” o rebañito, cuyo número asciende a 144.000. De esta “clase misteriosa”, según Rutherford, había aproximadamente 50.000 sobre la tierra en el año 1926.

Sólo éstos serán premiados “como sacerdotes y reyes” con Cristo en los cielos. Por consiguiente, sólo ellos necesitan el nuevo nacimiento. Ellos forman el cuerpo del cual Cristo es la cabeza. “Porque los otros, una multitud innumerable, que creen en la redención, poseerán la vida eterna en un paraíso terrenal donde reina la justicia (Le. 12:32; Ap. 20:6; Jn. 10:16).

Lo dicho hasta aquí nos lleva a considerar brevemente las enseñanzas de los testigos. Sin embargo, antes de proceder, digamos una palabra más de encomio. Más arriba hemos declarado que los testigos han prestado un gran servicio a la causa de la libertad de expresión de la fe religiosa y a la del derecho de asociación; y a esto hemos de añadir ahora nuestra alabanza hacia la postura que han adoptado sobre las transfusiones de sangre.

POSICIÓN DE LOS TESTTIGOS ANTE LAS TRANSFUSIONES DE SANGRE

En 1961, la Watchtower Bible and Tract Society publicó un librito de 63 páginas, titulado Blood, Medicine and the Law of God, en el que se combaten las transfusiones de sangre. Esta postura ha situado una vez más a los testigos en abierto conflicto con los tribunales de justicia, de modo parecido a como, en sus primeros tiempos, se enfrentaron a \z opinión pública al rechazar el servicio militar, negar el saludo a la bandera (considerado por ellos como un acto idolátrico), y no someterse a otras muchas leyes.

Hemos de decir que los fundamentos exegéticos en que los testigos se basan para rechazar y oponerse a las transfusiones, son erróneos. El librito citado hace referencia a Génesis 9:3,4; Levítico 3:17; 13:14 y Lv 17:10; Deuteronomio 12:23-25; I Samuel 14:32-33; y Hechos 15:28,29.

Todos estos pasajes prohíben comer carne con su sangre, y algunos también con su sebo. Y cuando los consideramos un poco más detenidamente, enseguida vemos por qué. El sebo había de ser quemado sobre el altar, como perteneciente a Dios. La sangre, puesto que contenía la vida o el alma (las traducciones difieren, pero esto no tiene mayor importancia, ya que la vida está en el alma que está en la sangre), también pertenecía a Jehová, y no al hombre. En algunos casos, esta sangre era vertida en tierra, como un simple devolver a Dios la vida de la que Él era dueño, según vemos en Deuteronomio 12:24; en otros, la sangre debía ser derramada sobre el altar, en sustitución de la vida del pecador, “porque la vida [en hebreo, alma] de la carne en la sangre está (…) y la misma sangre hará expiación de la persona” (Lv. 17:11).

Al rechazar la doctrina bíblica de la expiación, como se verá más adelante, los testigos han dado lugar a la fantástica idea de que cuando damos o recibimos sangre, nos desprendemos o aceptamos parte del alma humana. Esto, dicen ellos, es contrario al mandamiento de amar a Dios con toda el alma, cosa que también entra en conflicto con el amar a los demás como a nosotros mismos.

Lo insostenible de esta teoría salta a la vista, ya que es evidente que todos podemos desarrollar nuestras actividades normales prescinciendo de algo de nuestra sangre, al menos durante un tiempo, sin que por eso quede afectada nuestra vida física. Una persona a quien le haya sido amputada una pierna, no por eso tiene menos alma ni ha perdido algo de su vida. Este simple razonamiento refuta por completo la exégesis del susodicho librito.

Sin embargo, el mentado librito se inicia con la declaración de que las transfusiones de sangre han “aumentado diez veces en la última década, y más de cincuenta desde 1938. Según el presidente de la Asociación Americana de Bancos de Sangre, sólo en los Estados Unidos se hacen cinco millones de transfusiones en un año”.

Continúa la obra con una serie tan impresionante y bien documentada de declaraciones de autoridades médicas dignas de crédito, que denuncian el peligro de las transfusiones indiscriminadas, que la profesión médica haría muy bien prestando la debida atención a este problema. La transfusión es comparativamente un fenómeno nuevo en el campo de la medicina. El libro demuestra que es harto posible que un enfermo contraiga desconocidas y peligrosas enfermedades, como resultado de recibir sangre ajena en sus venas. También prueba que en muchos casos otros tratamientos han demostrado ser mucho menos peligrosos y más seguros.

No obstante, nosotros no suscribimos la condenación general que se lanza sobre las transfusiones de sangre, pues hemos de reconocer que en muchas ocasiones dicha práctica médica ha servido para detener la marcha de la enfermedad y prolongar la vida del enfermo, sin peligro alguno para el donante ni para aquél.

Pero sí estamos de acuerdo con los testigos en que si alguien objeta el procedimiento, bien porque no quiera correr el riesgo, bien por escrúpulos de conciencia, ningún tribunal humano tiene el derecho moral de obligarle a someterse a lo que es contrario a sus convicciones, ni sujetar a sus hijos a este tratamiento particular. La educación social es una cosa, y la compulsión otra muy diferente. Nuestros hijos no pertenecen al Estado, sino a sus padres.

DOCTRINA

Por todas estas razones, es de lo más lamentable que los testigos de Jehová continúen propagando, con celo digno de mejor causa, su doctrina absolutamente antibíblica, y esparciendo por doquier un odio mortal hacia todas las iglesias cristianas y lo que éstas significan.

Las enseñanzas de los testigos han sido correctamente calificadas como un sistema de negaciones. Probar este aserto, será la tarea que nos ocupe hasta el final del capítulo. No obstante, es de tenerse en cuenta que esta obra no es un libro de teología sistemática (o dogmática); por eso nuestra refutación no tiene más remedio que ser breve e incompleta.

Racionalismo

El error fundamental del rusellismo, que no cesa de ser promulgado por los testigos de Jehová, es su inflexible racionalismo. Puede que Schnell exagere al decir que los testigos recurren a sólo un seis y medio por ciento de la Biblia en su argumentación; sin embargo, es cierto que ellos, a pesar de sus repetidas apelaciones a la Escritura como mensaje inspirado de Dios, colocan su razón por encima de la Biblia, y rechazan cuanto de ella se oponga a la razón. Este error es básico, y en él está el origen y raíz de toda negación. Así escribía Russell: “Nos hemos esforzado en descubrir la suficiente base sobre la que edificar la fe —la Palabra de Dios—, para infundir confianza y seguridad en su testimonio, incluso al incrédulo. Y lo hemos hecho de una forma que apela y puede ser aceptada por la razón como base adecuada. Después de esto, sobre tal fundamento hemos construido las enseñanzas de la Escritura, de un modo que, dentro de lo posible, el simple criterio humano pueda probar sus ángulos y recodos por las reglas más estrictas de la justicia que dicho procedimiento exige.” (Introducción a Studies in the Scriptures.) Acto seguido, después de decir que la Biblia es la revelación de Dios, añade: “Examinemos el carácter de los escritos que se dicen inspirados, para ver si sus enseñanzas corresponden con lo que nosotros, razonablemente, hemos interpretado respecto a Dios.”

Es evidente que la misma idea de una revelación divina a seres imperfectos (pecadores) implica la existencia intrínseca de cosas que la mente humana no puede concebir sin revelación. El mismo carácter de incredulidad está en que el incrédulo rechaza lo que su mente no puede, sin otra ayuda —razonablemente—, aceptar.

La Trinidad

La Trinidad es negada virtualmente en todos los escritos rusellistas, y esto en los más apropiados términos. “La verdad clara y simple es que éste es otro de los intentos satánicos por apartar a las personas temerosas de Dios del conocimiento de Jehová y de Su Hijo Jesucristo. iNo, la Trinidad no existe.”

Esta doctrina cardinal de la Escritura es, por lo general, crasamente mal interpretada y expuesta con falacia por los testigos. Aunque la revista Awake! (8 de octubre de 1961) cite de la Confesión de Fe de Westminster: “En la unidad de la Divinidad hay tres personas en una sustancia, poder y eternidad; Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo”, y de la Confesión de Augsburgo: “Aunque sólo hay una esencia divina que es y se llama Dios (…) hay también tres personas de la misma esencia y poder, que son igualmente eternas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”; aunque dicha revista use estas citas, decimos, la mayoría de los escritos rusellistas hablan indecorosamente cuando tratan de esta preciosa doctrina. El mismo Sea Dios Veraz dice en su página 99: “La doctrina, en breve, es que hay tres dioses en uno: «Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo» los tres iguales en poder, sustancia, y eternidad” (edición castellana de 1949, revisada en 1955). Y, en la página 106: “La idea que se tiene generalmente es que el «Espíritu Santo» es una persona espiritual, la tercera persona de la «trinidad» y que es igual a Dios y Cristo en poder, sustancia y eternidad”. De todas formas, estas distorsiones no son, en comparación, tan diabólicas como las atroces palabras de un tal H. E. Pennock, de la ciudad de Nueva York, “regularmente adscrito a la dirección de la I. B. S. A. (Asociación Internacional de Estudiantes de la Biblia) como conferenciante”, cuya charla sobre “lo que los clérigos no dicen”, fue anunciada, en un programa de mano, en los siguientes términos, “Hay algunos clérigos, no cabe duda, que son realmente sinceros en su convicción de que Jesús era su propio padre, y que el Todopoderoso es hijo de Sí mismo; y que cada uno de éstos es, a su vez, una tercera persona igual a ellos dos, v no obstante distinta de cada uno.”

Jesucristo

Cuando inquirimos en el porqué de la venenosa enemistad y oposición de los testigos hacia la doctrina de la Trinidad, no es necesario buscar muy lejos para hallar la respuesta. No hay ni un solo testigo que se reconozca a sí mismo como un pecador perdido y necesitado de un Salvador sobrenatural. De aquí que este sistema niegue la divinidad de Cristo con tanta vehemencia como la Trinidad.

Preexistencia

“Felizmente la Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Cristianas Griegas (publicada en inglés en 1950) traduce Juan 1:1,2: «Originalmente la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios. Este estaba originalmente con Dios». De manera que la Palabra o el Logos vino a la existencia mucho antes de que una de las criaturas posteriores de Dios se convirtiera en un diablo…” (Sea Dios Veraz, p. 32.) “El principal de las criaturas de Dios bajo Él es su hijo que vino a la tierra y recibió el nombre de Jesús. La Biblia manifiesta que Éste había vivido como criatura espiritual en el cielo antes de venir a la tierra.” (Estas buenas nuevas del reino, p. 6, 1955.) Así pues, este espíritu, o arcángel, la Palabra, se hizo hombre, vivió una vida sin pecado, murió en rescate por muchos, y fue resucitado en espíritu.

La Resurrección y la Ascensión

“Desmaterializado del cuerpo humano que había tomado, y vuelto a su estado invisible espiritual, Jesús, en su ascensión, no corrió el riesgo que representan el cinturón de radiación que envuelve la tierra y los rayos cósmicos que atraviesan los espacios superiores. Puesto que él no ascendió al cielo con el cuerpo humano que había sacrificad» y dejado como ofrenda perenne sobre el altar de Dios, regresó a los cielos con el mérito o valor de su vida humana, que puso en favor de la humanidad mortal.” (Let Your Ñame Be Sanctified, p. 272.) La Segunda Venida “Jesucristo vuelve, no otra vez como humano, sino como gloriosa persona espiritual. Él ahora es la reflexión de la gloria de Dios, la representación exacta de su mismo ser, y está sentado a la diestra de la Majestad en las alturas (…) Él viene esta vez, por lo tanto, no en humillación, no en la semejanza de los hombres, sino en su gloria celesial…” {Sea Dios Veraz, p. 192.) Es evidente que todo esto es contrario a las claras enseñanzas de la Escritura, tal como leemos en Filipenses 2:6 y Hechos 1:11. Por no hacernos demasiado prolijos, resumamos todo en unas cuantas palabras: Cristo, según los testigos, volvió en 1914, “el tiempo del fin de los gentiles”, y en 1918 vino a su “Templo”, los 144.000 con quienes Él forma “La Iglesia”, cuerpo y cabeza, respectivamente.

El Rescate

La teoría redentora de los testigos se define, brevemente, en los siguientes términos: Jesús, hombre sin pecado, dio su vida como “rescate”, es decir, “como aquello que desata o libra, suministrando liberación”. La raza humana estaba necesitada de rescate, por cuanto nació en pecado, imperfecta, y bajo la sentencia de muerte.

Este rescate no incluye a Adam, pues él pecó voluntariamente. Pero sí es para “los hombres fieles”, cuyo “proceder” determina “si por fin recibirán el beneficio del sacrificio redentor de Cristo (…) Los que voluntariamente son inicuos y tercos hacia las provisiones de Jehová”, no participan en el rescate; mas “aquel que ejerce fe en el Hijo, tiene vida eterna”. “El rescate coloca sobre todos los que desean adquirir beneficio de él una obligación y un privilegio maravilloso (…) Es menester que se informen concerniente a la misericordia de Dios por medio de Cristo Jesús, y luego que tengan fe en la provisión que él ha hecho.”

Este tipo de doctrina autosotérica es el hilo central de toda su literatura. Russell decía: “El «rescate por todos» no garantiza ni imparte vida eterna o bendición a todos los hombres; pero sí garantiza y da otra oportunidad o prueba para que toda persona intente alcanzar la vida eterna” (Studies, II, 128). Y también: “Deben ser rescatados de la ceguera y de la muerte, para que cada uno de por sí tenga ocasión de demostrar, por la obediencia o por la desobediencia, si es digno de la vida eterna” (Studies, I, 158). Rutherford por su parte decía: “Este proceso restitutivo continuará por un período de mil años, esto es, cuando el Mesías reine, durante el cual todos los hijos de Adam, incluido él mismo, serán sometidos a la prueba propicia e imparcial de vivir bajo unas condiciones favorables” (World Distress, p. 9). Y: “Pero conforme cada uno luche por purificarse y ser obediente al Señor, en la misma medida será ayudado. No habrá nada que le obstaculice, porque el influjo de Satanás habrá sido reprimido” (Harp of God, p. 339). Idéntica doctrina aparece en el folleto titulado “Estas buenas nuevas del reino” (edición castellana, 1955). En toda esta aridez doctrinal no se oye ni el más leve eco de aquellas maravillosas palabras de Isaías 53:5 o de ICorintios 15:3: “Mas Él herido fue por nuestras rebeliones”; “Cristo murió por nuestros pecados.”




El Espíritu Santo

La negación de la Trinidad lógicamente obliga a los testigos a rechazar la personalidad divina del Espíritu Santo, a pesar de que las Escrituras le atribuyen atributos de personalidad, tales como inteligencia (I Cor. 2:10), voluntad (I Cor. 12:11), y lo describen como Persona divina que tiene nombres divinos (I Cor. 3:16; II Cor. 3:17; Mt. 28:19; Hch. 5:3), obras divinas (Sal. 104:30, creación; Sal. 139, omnipresencia), honor divino (II Cor. 3:17; Mt. 12:31).

“Pero el espíritu santo no tiene nombre personal. La razón de esto está en que el espíritu santo no es una persona inteligente, sino una fuerza invisible, impersonal y activa, que tiene su origen y reserva en Jehová Dios, y que Él emplea para realizar Su voluntad” (Let Your Ñame Be Sanctified, p. 269).

Escatología

“Cristo vino a la tierra invisiblemente en 1914, hecho que marcó el fin del tiempo de los gentiles, y el principio del «tiempo del fin» del dominio de Satanás, y por esto el tiempo cuando Cristo Jesús el Gobernante legítimo del nuevo mundo recibió mando”. En 1918 Cristo “vino al templo espiritual como el mensajero de Jehová y empezó a limpiarlo (…). Eso marcó el principio del período de juicio e inspección de sus seguidores engendrados del espíritu”. “Los cristianos muertos que estaban durmiendo en sus sepulcros fueron levantados con cuerpos espirituales para juntarse con él en el templo espiritual. Los cristianos ungidos que estaban vivos en la tierra no podían preceder a los que estaban dormidos en la muerte, sino que tenían y tienen que seguir manteniendo su integridad hasta su propia muerte.

Cuando los de este resto mueren, no tienen que dormir esperando la vuelta de su Amo, sino que reciben un cambio inmediato a la vida espiritual”. “Desde el tiempo de Jesús hasta ahora la selección de los miembros del reino celestial ha continuado, y hoy, después de diecinueve siglos de seleccionar, todavía hay un resto pequeño de los 144.000 sobre la tierra.”

Mientras tanto, la prueba del mundo continúa. “Las ovejas” están aparejadas para gozar de la vida eterna aquí en la tierra. Las “cabras” están destinadas a la destrucción, a la aniquilación.

¿Qué es lo que determina si somos cabras u ovejas? Nuestra actitud hacia el remanente ungido de los testigos de Jehová y su mensaje de instauración de un gobierno teocrático. “La separación actual de la gente como «otras ovejas» de él y como «cabras» es parte de la señal compuesta que indica que Cristo ha vuelto y que está presente como Rey.”

Además de la “resurrección celestial de los 144.000”, tendrá lugar también “una resurrección terrenal”. Esto ocurrirá poco después del Armagedón, la gran batalla en la que el Señor destruirá “la organización de Satanás”. “No habrá necesidad de que los siervos de Dios que están en la tierra participen en la lucha. Cristo Jesús conducirá a las huestes celestiales de ángeles de Jehová al ataque final contra Satanás y su organización, destruyendo a ésta completamente y librando al género humano obediente e introduciéndolo en un nuevo mundo de justicia (Ap. 19:11-16), El ponerle fin a este sistema de cosas de esta manera es el único modo de librar al mundo del mal y hacer lugar para que la paz y la justicia florezcan. Esto sólo lo podría hacer el Todopoderoso Dios, Jehová.”

Al final del milenio, Satanás y sus demonios serán soltados para que prueben la fe y la integridad de los habitantes de la tierra. “Como su actitud mental no habrá cambiado, de nuevo tratará de usurpar la posición de Jehová como soberano universal y se empeñará en hacer que toda la humanidad perfeccionada se vuelva contra Dios. Algunos serán descarriados (…) Los que apoyen a Satanás serán arrojados, junto con el Diablo mismo, al «lago de fuego y azufre» (…) Ellos serán ahogados en destrucción eterna, y para ellos no habrá resurrección.”

Entonces “habrá un mundo sin la muerte adánica, sin enfermedad, tristeza, lágrimas o confusión religiosa (…) Permanecerá, no por mil años, ni por un millón de años, ni siquiera por mil millones de años, sino para siempre.”

El infierno, de acuerdo con esta escatología, consiste simplemente en la “destrucción eterna”.

Esta no-existencia, resultado de la aniquilación, es el “castigo eterno”, que, como se ve, es algo más suave que las duras palabras que Jesús pronunció al respecto (Mr. 9:47,48). La Gehena, según este sistema, no es sino la simple ausencia de entidad, o dejar de ser. No hay aquí lugar para “el humo del tormento” de que nos habla el Apocalipsis (14:11).

El Seol o Hades, que en casi todas las versiones se traduce invariablemente por “infierno”, es en realidad un término pintoresco que define un estado de separación, a saber, entre el cuerpo y el alma que ha partido. Por eso el Seol algunas veces significa la tumba (v. gr, Gn. 42:38; Ecl. 9:10), y otras, el lugar donde el alma permanece en un estado consciente (v. gr, Ez. 32:21). La afirmación rusellista de que el Seol (Hades en el Nuevo Testamento) siempre significa el sepulcro, queda así refutada por la misma Escritura.

Este error queda desenmascarado también por la parábola del rico y Lázaro (Le. 16). Los testigos dicen que, en ella, el rico representa a la nación judía “bajo los tormentos y rigores que ha sufrido desde la destrucción de Jerusalem”. Pero aunque fuera así, nuestro Señor no hubiera comparado esta condición de sufrimiento con el Hades, si éste no fuera sino un lugar de inconsciencia o inexistencia virtual.

En este particular, los testigos han corrompido aún más la enseñanza adventista que niega igualmente el castigo eterno. La señora White y sus seguidores, al menos enseñaron que la destrucción eterna se verá precedida por un período de castigo conscientemente soportado.

Entre otras herejías de menor importancia, está la de que el hombre es un alma; no que tenga un alma. Por eso, cuando muere, deja de existir (¡fuera con los “tormentos” del más allá!), y debe ser literalmente recreado o vuelto a crear. Es evidente que esto contradice por completo las enseñanzas de la Escritura, que sientan que el hombre es un ser compuesto de alma y cuerpo (véase Nm. 21:4: “El alma del pueblo” —Versión Moderna—; Mt. 26-38: “Mi alma está muy triste…”). El estado consciente del alma en la vida futura, lo enseña claramente Filipenses 1:21,23.

Por último, para este sistema autosotérico, el bautismo (por inmersión) sólo significa “que el testigo hace una dedicación para hacer la voluntad de Dios”.

20 Todo es del hombre, nada de la gracia de Dios. ¿Dónde aparecen aquí las consoladoras palabras de Romanos 6:1-4 ó Gálatas 3:27?

CONCLUSIÓN PRÁCTICA

En un próximo capítulo de esta obra (XI), el autor brinda un ejemplo breve de cómo cree él que deben ser refutados los errores rusellistas en contactos personales con los miembros de esta secta. Intentar aquí una refutación detallada de dichos errores, amén de los de los otros sistemas, convertiría a este libro en un grueso volumen de teología sistemática, cosa que escapa al propósito del autor.

Una cosa, sin embargo, es de aprender de los rusellistas: su diligencia en el estudio de la Biblia, a pesar de que lo hacen de una forma racionalista y con una mente cargada de prejuicios.

En su frecuente recurrir a las Escrituras, no reparan en sacar los pasajes de sus contextos, retorciéndolos según sus propias y preconcebidas ideas.

Si los miembros de las iglesias evangélicas quieren permanecer firmes en “la fe dada una vez a los santos”, deben dedicar más tiempo al estudio sistemático de la Biblia. De esta forma los ministros se sentirían más tranquilos y menos desazonados que ante la desorientación actual de su congregación. A este objeto recomendamos los siguientes títulos: The Lord of Glory; un estudio de los nombres que se dan a nuestro Señor Jesucristo en el Nuevo Testamento, con referencia especial a Su Divinidad —autor: Benjamín B. Wárfield (Zondervan)—. Y también Our Rasonable Faith, de Hermán Bavinck (Eerdmans).

PREGUNTAS PARA ESTUDIO

  1. Los testigos de Jehová son arríanos declarados. ¿Cuándo, dónde y por qué fue condenado Arrio?
  2. Demuéstrese bíblicamente la interpretación errónea de los testigos sobre la doctrina de: a) el rescate; b) la cooperación humana en el proceso de la salvación; c) la aniquilación versus el juicio (¿enseña II Tesalonicenses 1:9 la aniquilación?); d) la concepción del infierno.
  3. ¿Se convertirá este mundo meramente en una “nueva sociedad”, o todo lo presente será renovado por el fuego? (II Pe. 3:12,13).
  4. ¿Qué entiende el lector por Armagedón?
  5. La cifra de 144.000, que aparece en Apocalipsis 7, ¿tiene un sentido literal o, por el contrario, es simbólica?
  6. Valiéndose de Dt. 6:4; Is. 44:6; 45:5; Jn. 17:3 y I Jn. 5:20, demuestre el lector que es errónea la traducción “la palabra era un dios”, que la versión Nuevo Mundo hace de Juan 1:1.
  7. Comparando I Pe. 3:15 con Is. 8:13, y Ap. 1:17 con Is. 44:6 y 48:12, pruebe el lector la divinidad de Jesucristo.
  8. Por medio de Hch. 13:2 y 28:25, pruebe igualmente el lector la personalidad del Espíritu Santo.
  9. ¿Cómo rebate Mt. 22:32 la teoría de los testigos sobre la no-existencia después de la muerte?
  10. ¿Cuál es el error fundamental de cualquier tipo de racionalismo?

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