Llamamiento: Motivos Correctos

Por Pastor David Cox

Resumen: En este artículo, los motivos correctos, examinamos los motivos: que uno sirve a Dios, que siente la carga de la obra de Dios, que ama a Dios, y de sirve a otros.

Jn 15:16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. 

Mar 3:13 Después subió al monte, y “llamó a sí a los que él quiso“; y vinieron a él. 14 Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, 

El llamamiento al ministerio es un asunto individual, solamente entre Dios y el individuo. Dios tiene Su obra, Su propósito, y Su voluntad. El principio aquí es que Dios no trabaja sólo. Dios ha decidido de compartir la gloria de hacer Su obra con los hombres. Entonces, Dios mismo quiere que somos parte de Su obra.

Esto gira alrededor de la sumisión del individuo a la voluntad de Dios, y su vida obstinada en contra de esta voluntad de Dios. Cuando el individuo dice que “estoy a disposición de Dios, haz lo que quieras conmigo Dios“, entonces Dios puede usar la persona para la gloria de Dios.

1. Que uno sirve para Dios. A la verdad, uno necesita entender que estamos para servir a Dios. No es lo que queremos nosotros, sino lo que quiere Dios. Aunque jóvenes entran en el ministerio cada año con o sin este pensar, sus ministerios toman características buenas o malas porque este principio se observa o no. Cuando uno ministro tiene otro motivo aparte de que se integra a lo que Dios está haciendo, y sirve a Dios, que sea en un ministerio grande o pequeña, entonces no cumple con la voluntad de Dios, sino la voluntad (deseos) del individuo. Esto es desobediencia y rebelión, y su ministerio reflejará esto.

Jn 7:17 ​El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.

El elemento de querer hacer la voluntad de Dios (obediencia) es un requisito para ser llamado y discernir la voluntad de Dios en lo de que Dios quiere para uno.

La regla o meta absoluta para un buen ministro es que tiene que contribuir a la obra de Dios como Dios quiere, o si no, entonces debe retirarse de lo mismo.

Hechos 9:15 ​El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;

Pablo, por ejemplo, entendió que Dios había llamado a él para cumplir con la obra de Dios a grupos distintos. Pero a la verdad, gentiles y judíos es casi todos ¿No? Entonces el punto no es “a quien” fue llamado a servir, sino “a qué”, de alcanzar gente para Cristo. Además, parece que Dios llamó a Pablo a los judíos al principio, y luego cambió este enfoque de Pablo a los gentiles en el transcurso de su ministerio. O sea, Dios no pone un llamamiento fijo para toda su vida como siempre la forma en que Dios llama.

En estas consideraciones, es una ayuda si uno tiene talento en estudiar la Biblia, preparar sermones, y hablar en público, pero estas calidades no se hace un llamamiento.

2. Que uno siente la carga espiritual para la obra de Dios. La obra de Dios se define como lo siguiente: primero y sobre todo presentamos el evangelio a los inconversos, motivándoles que aceptan a Jesucristo como su Salvador personal. Segundo el ministerio es organizar a los salvos de este esfuerzo a una iglesia local, y de edificar a estas para ellos mismos tiene la fe cristiana y que ellos hacen la obra de Dios.

Isa 6:8 Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.

El llamamiento de Dios viene a una persona porque siente la carga espiritual de personas con necesidad del Salvador. Lo que “causa” el llamamiento es cuando uno ve la necesidad de la gente, y la falta de alguien de llenar esta necesidad.

Aunque hay otros que ministran y predican bien, el llamado de Dios siente que no es suficiente, y quiere entrar en la obra porque ama a Dios, y tiene la misma carga espiritual por estas personas como Dios lo tiene.

Isaías habló de la carga que tuvo que tratar. (Isa 13:1; 14:28; 15:1; 17:1). Esta carga es revelada por Dios al individuo para que este individuo responda a ello con sus labores y vida.

1Co 9:16 Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!

O sea, el llamamiento no es algo que uno escoja, sino el llamamiento escoja a uno. Te obliga a tratar con ello, o si no, algo muy malo de Dios va a suceder.

3. Un llamamiento al ministerio es nacido en un ambiente de una intensa relación de amor entre uno y su Salvador. El punto aquí es que uno tiene esta relación con Jesús, ama intensivamente a Jesús, entonces servicio porque ama a Jesús es un producto natural. Podemos decir que todos los salvos deben estar ministrando delante de Dios. Deben servir a su Señor. Cuando uno considera el paso de dejar el trabajo secular para dedicarse más intensivamente a las cosas de Dios, es un paso lógico y natural.

Rom 12:1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. 2 ​No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, «para que» comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. 

Servicio es la respuesta lógica (siempre) de haber sido salvo.

4. Un llamamiento proviene de actividad espiritual en el ministerio, no por auto-servicio. Muchos cristianos tienen un concepto que todo de su vida espiritual y de su iglesia es para su sentir bien. Sus servicios, alabanzas, sermones, y vida devocional es sobre este punto. Ellos están en el centro de sus vidas de prioridad, de gasto de recursos, y de actividades.

Pero cuando uno realmente viene a Cristo para ser salvo, Cristo llega a tomar este lugar central, y uno llega a perderse a uno mismo cambiando su enfoque a Cristo. O sea, Dios no llama a flojos a su ministerio. Dios llama y desvía a siervos ya practicando y obrando a cosas mayores.

Hechos 13:2Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.

Dios llamó a Bernabé y a Saulo de sus ministerios como miembros normales de la iglesia a dedicarse a la obra de Dios únicamente (un llamamiento al ministerio). El ejemplo sigue, que Dios llama a gente activa Moisés (Exo. 3:1-2), Gedeón (Jueces 6:11), Elisha (1Re 19:19). Pedro y Mateo estaban trabajando en sus trabajos seculares cuando Cristo les llamó (Mat 4:18-19; Luc 5:27).

La Importancia de tener un llamamiento puro

Tu llamamiento es el elemento singular que determinará si te quedas en el ministerio hasta el fin de tu vida, o si vas a abandonar el ministerio luego cuando hay problemas, cuando te desanimas, cuando las cosas no salen como quieres, etc.

Tenemos que entender que el éxito personal para cada ministro no es fama y gloria, no es un edificio bonito o mucha gente, ni dinero y riquezas, lujos y placeres. Éxito para el ministro es muy simple, cumple con lo que Dios quiere para tí. Vemos el ministerio de muchos en la Biblia, como los profetas al final del Antiguo Testamento, y predicaron el mensaje que Dios les dio para el pueblo de Dios, y a fin de cuentas, Israel no regresó a Dios. Dios tuvo que castigar a la nación con exilo. Es triste de verlo para nosotros, pero a fin de cuentas, la vida espiritual DE SU PROPIA NACIÓN era por medio, y fracasaron. Era SU NACIÓN que sufrió. Pero era exitosos los profetas en dar el mensaje. Lo no exitoso era Israel de responder.

Pero tenemos que entender que es muy aparte y separado las dos cosas. Que tu haces bien lo que Dios te da de hacer, y que el pueblo de Dios a tu cargo responde. Claro que queremos ver la gente responder favorablemente a nuestro ministerio, pero a fin de cuentas, es algo entre cada uno de ellos y Dios. No es para nosotros de decidir.

Habiendo dicho esto, debemos hacer lo mejor que podamos, pero otra vez, es algo personal entre nosotros como ministros y Dios.

Anotamos que no tenemos que ser perfectos en nuestro servicio a Dios. Pero sí tenemos que dar lo mejor al maestro. Dios sabe cuanto de talento y inteligencia que ha dado a cada siervo, y hay diferencias muy notables entre sus siervos. Nunca Dios te culpa por no poder hacer algo en que no te dio los dones y talentos de hacerlo. Pero siempre te culpa si te dio el poder de hacer mejor, y no lo haces por flojo o por berriche tuyo.


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