Vila Gran Noticia (sermón)

LA GRAN NOTICIA

(Lucas 2:10-11)

El hombre ha sido siempre un servido de noticias. ´Oír y decir una cosa nueva’ (Hechos 17:21) era ya ocupación preferida de los atenienses en tiempos de San Pablo. Se da como principal razón de este hecho el que el hombre es un ser por naturaleza curioso y, por lo general, insatisfecho; siempre espera algo nuevo que venga a favorecerle o a mejorar su condición, aunque muchas veces ocurre lo contrario. Hay nuevas buenas y malas, esperadas e inesperadas, y algunas, con ser muy esperadas, su negada sorprende a quien más las anhela. Tal fue el caso del aviso que dio la joven Rodé a los discípulos que estaban orando en favor de San Pedro, y del mismo carácter fue la que los ·ángeles dieron a los pastores en Belén. Aunque indudablemente la esperaban, si eran judíos piadosos (véase Lucas 2:25 y 38), les sorprendió de tal manera que no podían creer lo que veían. ¡Tan grande era la noticia!




Notemos siete motivos de grandeza en esta gran noticia:

  1. Es grande por la forma como fue proclamada

Las grandes noticias suelen ser anunciadas de un modo adecuado a su importancia. Por radio, prensa, carteles, etcétera. Pero la noticia más trascendental para la raza humana hubiera quedado ignorada de no haberse abierto los cielos para proclamarla a los pastores de Belén. Si la tierra no hacía caso del magno suceso en los cielos tenía muchísima importancia. El Verbo de Dios vistiendo carne humana, hecho semejante a los hombres, era una maravilla del amor divino. Razón tenía San Pedro para declarar que los propósitos de Dios para con los creyentes causan la admiración de los mismos ángeles (1.a Pedro 1:12).  Únicamente los que se hallan al otro lado de lo tangible y transitorio pueden apreciar las cosas en su verdadero valor, porque lo ven todo a la luz de la eternidad. ¿Apreciamos nosotros lo que aprecian los Ángeles?




  1. Por su carácter personal

La mayor parte de las noticias en que nos interesamos no nos afectan absolutamente y las olvidamos casi tan pronto como vemos satisfecha nuestra curiosidad. Pero Ésta tiene un carácter personal, lo mismo para los pastores que la oyeron por primera vez como para cualquier otro que pueda oírla a través de los siglos: ´Os ha nacido De cualquier otra persona se diría simplemente: ´Ha nacido La razón es que nadie ha nacido en favor de otros como Cristo nació. ¿Puedes decir que Cristo nació para ti? ¡Qué feliz el alma que al recordar en esta Navidad el glorioso natalicio pueda decir: En Belén de Judea me nació hace veinte siglos un Salvador! (Véase anécdota El don de la Navidad.)




  1. Por ser el cumplimiento de una gran promesa

A ella se refiere la frase ´en la ciudad de David’. Dios nunca olvida lo que promete. Había prometido un Rey a Israel del linaje de David (Isaías 11:1 quien tenía que ser al propio  tiempo Redentor (Comp. Isaías 52:13 con el contexto que sigue cap. 53). ¡Y cuan admirablemente se cumplió en la venida, vida y muerte de Jesús! El cumplimiento de las palabras de Dios en el pasado y en el presente con respecto al pueblo elegido, Israel, es una garantía de que cumplir todo lo que nos ha prometido en Jesucristo. La actual tragedia de los judíos (Zacarías 13:8, 9, y Lucas 21:24) es un gran motivo de confianza para el pueblo cristiano. (Véase anécdota Una tajante demostración.)




  1. Por la persona a que se refiere

Los pastores esperaban un gran Mesías, pero no tan grande como les fue anunciado ´Cristo el Señor ungido y Rey, mas no de Israel, sino del mundo y del universo entero. Cómo tenía que admirarles el contraste entre la proclamación del ·ángel y la humilde realidad del pesebre. Cristo el Señor entre las pajas; no en una morada, la más humilde, de los seres humanos, sino en habitación de bestias. Bien había dicho el profeta: ´Despreciado y desechado entre los hombres (Isaías 53: 3). Pero su grandeza era de derecho propio y no consistía en exterioridades. Solo ésta es verdadera grandeza. (Véase anécdota El brahmán y Stanley Jones.) Su grandeza moral resalta más porque siendo Señor se hizo siervo por amor a nosotros; siendo grande se hizo humilde para elevarnos a su grandeza. 5. Por la razón de su venida ´Os ha nacido un Salvador; no un Maestro o ejemplo como algunos pretenden. Este es el título mayor de sus blasones, el más alto de sus oficios, la más elevada de sus prerrogativas. La misión de Cristo habría sido muy pobre, al lado de lo que es, si solamente hubiese venido a darnos buenos consejos. El mundo había tenido ya grandes consejeros, pero nunca había tenido un Salvador. Buda, Confucio, Sócrates y Platón habían dicho todo lo mejor que los hombres pueden decir y oír; pero ninguno había afirmado: ´Venid a mí todos los trabajados y cargados, que yo os haré descansar ´Yo les doy vida eterna, ´El que cree en MÌ, aunque esté muerto vivir, y esto es precisamente lo que necesitaba el mundo: un Salvador dispuesto a redimir, a ponerse en lugar de los pecadores; un Salvador para levantar al más caído infundiéndole una nueva vida. No un gran ideal, sino un gran poder. Ningún hombre ha sido librado de sus pecados invocando a los grandes maestros de la Humanidad, pero millones lo han sido invocando el sagrado nombre de Jesús; dirigiéndose a Dios por su mediación. Bien dijeron los apóstoles ante el enfurecido Sanedrín: ´En ningún otro hay salvación porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en quien podamos ser salvos




5. Por el sentimiento destinado a producir

´Nuevas de gran gozo Gozo causan ciertas noticias muy anheladas. Una amnistía, la terminación de una guerra, etcétera; pero no hay gozo como el que produce en el alma la buena nueva del amor de Dios revelado en el pesebre de Belén. No existe noticia mejor. Por esto el gozo más alto y más sublime es la característica de todo cristianismo genuino (Filipenses 4:4). Una fe sin gozo es una fe muerta o enfermiza. Hay que buscar la causa de la falta de gozo en el alma cristiana y repararla sin tardanza, porque ´el gozo del Señor es nuestra fortaleza, a la vez que una ocasión de testimonio y de honra para la fe que profesamos. La santidad no consiste en caras largas. No hay nada malo en el gozo de la Navidad, pero que sea por el verdadero motivo. Esdras y Pablo dicen: ´gozaos (Nehemías 8:10; Filipenses 4:4). (Véanse anécdotas La razón de Hayan y Murió sonriendo.)




6. Por su dilatado alcance

Que ser· para todo el pueblo El gozo de la Navidad no era solamente para los privilegiados que recibieron la revelación directa de Dios, sino para todo el pueblo. Toda noticia que afecta de algún modo a muchos se hace importante tan solo por este motivo, sobre todo cuando es gozo y alegría lo destinado a producir en esos muchos. La salvación de Dios es la mejor de las noticias y es para el mayor número de seres humanos. Pero para que todos  uedan alegrarse es necesario que todos la conozcan. Parece que la advertencia del ·ángel fue bien comprendida por los pastores, los cuales empezaron a divulgar la buena nueva (vers. 20) atrayendo sin duda otros adoradores al pesebre y otros favorecedores de la sagrada familia, la que quizá· por esta razón no hallamos ya en el miserable establo cuando la visita de los Magos. Seguramente Éstos no harían menos dentro de su medio en la lejana patria. Es bien posible que su testimonio coadyuva al triunfo del Evangelio entre los partos y medos que se mencionan el día de Pentecostés (Hechos 2:9), y a que la extensión de la buena nueva en Oriente adquiriera tal importancia que reclamara en pocos años la presencia del propio apóstol San Pedro (1.a Pedro 5:13).

La gran nueva ha llegado también a nosotros por la misericordia de Dios. ¿Le hemos dado la importancia que se merece? ¿La hemos recibido para vida eterna y la estamos divulgando a otros? Hoy el hecho de la Navidad no es ninguna noticia, pero el significado sí. Seamos continuadores de la gloriosa misión que iniciaron los ·ángeles en Belén. ANÉDOTAS EL DON DE LA NAVIDAD Un amigo interesado en la salvación de otra persona, le envió por correo una Biblia, que le llegó precisamente el mismo día de Navidad. El primer texto que sus ojos leyeron fue: “Llamarás su nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados Unas horas más tarde, llamaba por teléfono a su amigo y le comunicaba: mi querido amigo, he recibido el don de la Navidad. ¡Ah, me alegro de que no se haya perdido! Con tanta aglomeración de paquetes, tenía miedo contestó el otro. uno, mío querido amigo. Te he dicho que he recibido el don de la Navidad, es decir, a Jesús en mi corazón.




UNA DEMOSTRACIÓN TAJANTE

El satírico rey Federico I, amigo de Voltaire, pregunta en cierta ocasión al pastor que hacía las veces de capellán en su corte: quisiera una demostración clara y contundente de que Dios es Dios y la Biblia es su Palabra, pero la quiero concisa y contundente; ya sabes que soy hombre de pocas palabras. así Su Majestad lo permite, se la daré en una sola palabra. óbralo! dijo el rey irónicamente. Di esta palabra. Los judíos fue la respuesta del pastor. El rey, que conocía bien la historia de este pueblo, se aleja meditabundo. EL BRAHM£N Y STANLEY JONES Cuenta el doctor Stanley Jones: “En cierta ocasión, mientras esperaba un tren en la India, pregunta a un caballero indio si tomaría el tren que estaba por llegar. Contestó que no, porque tan solo había en Él coches de tercera clase. Le dije que yo lo tomaría. Claro replicó. Usted puede hacerlo porque es un cristiano. Si viaja en primera clase eso no lo exalta, y si va en tercera no lo degrada. Usted esta· por encima de estas distinciones, pero yo tengo que respetarlas, pues soy un brahmán. “Si hubiera podido dar rienda suelta a mis impulsos continua el doctor Jones habría danzado en el andén. La primera clase no exalta, la tercera no humilla, la alegría no nos hace perder la cabeza, ni la pena nos destroza el corazón, cuando somos verdaderamente cristianos y no vivimos de apariencias.”




LA RAZÓN DE HADYN

Alguien pregunta a Hadyn por qué oía siempre tan alegre su música religiosa es que cuando me pongo a pensar explicó el célebre músico en lo que Dios es, lo que ha hecho y lo que se propone hacer con sus redimidos, incluyéndome a mí mismo, no puedo menos que ponerme alegre, y la alegría del corazón salta a las notas. MURI” SONRIENDO Una agraciada nipa de 16 años, que había sido convertida del mahometismo y vivía una magnífica vida cristiana ante sus padres, enfermo y murió. Algún tiempo después, la madre vino a la casa de los misioneros y les pregunta qué medicina extraía habían dado a su hija. La misionera respondió un poco asustada de que la culparan de su muerte: uno, no le dimos nada. O, sí insistió la madreó. Nuestra hija murió sonriendo. La gente de nuestra religión no muere de esta manera




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